domingo, 31 de octubre de 2010

Algo que estoy escribiendo


“Bien de Belgrano”, decía el slogan y estaba bien. Estaba bien porque el Shopping quería ser representativo de ese barrio de Buenos Aires. Estaba bien por la selección de visitantes escogidos en los dos afiches y que tranquilamente podían pulular por el Solar de la Abadía. Gente bien. Bien de Belgrano. Los apodaría Chichí y Alberto. Ella, una estudiante Life College con su jumper al viento, sonriente y jovial, aferrada a su stick de hockey chupacirio. Y Alberto, el papá de Chichí, con rictus de garca mal, le enrostraba a Martín -y a todos los que se detenían a mirar la gráfica- el Cabernet que había adquirido en la Winery del no lugar. Alberto y su hedor a Ralph Lauren. Alberto y su puto estudio contable repleto de dibujos equinos, sus fotos en la estancia, las revistas de diarios dominicales que tendría en el aparador con los crucigramas ya resueltos. “El lugar donde te podés encontrar con tu gente” –masculló sorbiendo su café-.     
Martín, a diferencia de ellos dos, estaba mal. Rabioso, amargado y caústico. Preso del cinismo fácil que generan las formas de consumo más explícitas y espeluznantes. Hasta se insultó a sí mismo por aquellos pensamientos bien de Generación X. Plac, plac, plac. El ruido de su bic penetrando el vaso térmico de Mc Donalds.

sábado, 30 de octubre de 2010

Beatiful Losers


Nota mía en el NO

TENDENCIAS: PERDEDORES COOL

Beautiful losers

¿Desplazados, discriminados, dejados de lado...? Esos eran los losers de antes: ahora ser y parecer perdedor está mucho más de moda. El creador de Facebook, Mark Zuckerberg, un paradigma de la especie.
Por Federico Lisica

El loser hoy se asemeja bastante a un winner. O el ganador no lo es tanto. Así lo cuenta el cine y la tele con sus flamantes lanzamientos. The Social Network, Scott Pilgrim vs. The World, y el musical Glee revelan nuevos parámetros del exitoso y el fracasado. Dos obras en cartel, Juicio a lo natural y Proyecto Vestuarios le dan una vuelta de tuerca enrarecida a una norma global.
Se trata de un Frankenstein extraño. Su nombre es Eisencera y está compuesto por la mitad de Jesse Eisenberg y de Michael Cera –los “Pacino y De Niro” de la nueva comedia americana–. Es un post comparativo de lo vital en sus personajes. Y la mimesis entre ambos, incluso en lo físico, es asombrosa. Como peones intercambiables, el primero podría haber dejado embarazada a Ellen Page en La joven vida de Juno. El segundo habría gatillado su escopeta frente a Bill Murray en Zombieland. Los dos hubiesen rematado su error con un chistecito para entendidos. Como señala la gráfica, uno y otro interpretan “a un pibe tartamudo pero sofisticado que trata de superar su propia neurosis a tiempo para sobreponerse y ganarse a la chica”. Sus physiques du rôle (con caras de poker y anatomías poco deportivas) no serán los del canchero clásico, y por alguna razón logran estamparle un beso a la nena. “Realmente me esfuerzo”, le replicaba Paulie Bleeker a la sarcástica Juno. Ella le aseguraba que era la persona más cool del mundo sin siquiera intentar serlo. 
Con L de social
Sus últimas apariciones se dieron en las películas más poperas del año: The Social Network y Scott Pilgrim vs. The World. ¿Qué dice el post sobre la encarnación de Mark Zuckerberg y del personaje de la novela gráfica? “Un tremendo nerd lucha contra astutos enemigos.” Siguiendo la lógica de winners y losers, un film ha vencido al otro. “La película sobre Facebook” lideró las taquillas en su primera semana en Estados Unidos y se estrenó en nuestro país el 21 de octubre. El opus 8 de David Fincher muestra sin asco cómo se le ocurrió a un veinteañero (ingenioso, cínico, misántropo y bastante inescrupuloso) armar un espacio en la web para conectarse con sus compañeros de campus. Que la cinta empiece con el abandono de su novia indica que el pibe las tiene en contra. Dos horas después acabará con “500 millones de amigos”, tal como reza su tagline, destrozando a los suyos y vuelto el billonario más joven de la historia.
La segunda, pese a haber sido bien recibida por la crítica, hizo plop en boleterías y su estreno en la Argentina fue pateado para el 23 de diciembre. Hasta se armó un grupo en Facebook (cuyo dueño, se sabe, no es otro que el Zuckerberg de carne y hueso) exigiendo la proyección en salas de la creación de Bryan Lee O’Malley. ¿De qué va? Un pibe debe vencer a los ex novios de su chica a pura piña-patada-piña mientras despliega su arsenal de latiguillos rockeros y soberbios chistontos.
Resultado de este Quién es Quién al palo, de este juego de espejos cinematográfico, se da una imagen enardecida de lo que significa encajar, socializar y ponerla en tiempos de amistades a un click. Y vale preguntarse: ¿serán menos creíbles las relaciones en Facebook que las épicas peleas a las que se somete Scott Pilgrim?
Con L de Glee
Los beautiful losers tienen más eco que nunca en la industria del entretenimiento del Norte. De allí hasta el Sur hay un control remoto de distancia. Así es como la MTV local acaba de estrenar The Hard Times of RJ Berger. Un ser desgarbado y anteojudo, objeto del bullying permanente que cuenta con algo anormal debajo de sus calzoncillos. Por esos varios centímetros de más RJ será el mandamás del secundario. La serie se asemeja a la enorme y noventosa Parker Lewis Can’t Lose, aunque con más irreverencia sexual y humor que se mira el ombligo. Ok, el chico de las camisas chillonas no podía perder, y RJ las tiene todas para hacerlo, pero triunfa. My Life as Liz, por la misma señal, es la versión con estrógenos de lo orgullosamente impopular como filosofía diaria.
Ambos shows destilan chatarra pop en cada fotograma y siguen al pie de la letra lo que percibió Juno y llevó al paroxismo Glee: no hay nada más cool que ser uncool. El programa, al que siempre se le antepone el término de “fenómeno”, va por la segunda temporada de alegorías freaky escolares. La revancha de los nerds danzantes incluye a un parapléjico, el gay, la chica judía, la gorda negra y hasta un deportista sensible, reconvertidos en cenicientas por sus versiones de Madonna a Billy Idol. Y la industria festeja. Con sus covers, pasaron a The Beatles en la lista de singles que alcanzaron el top 100 de Billboard (y quedaron a pasitos nomás de desbancar a James Brown y Elvis Presley). Ryan Murphy, su creador, sabe mover la varita que torna la teenage angst en purpurina y billetes. Haciéndose eco de una serie de suicidios bastante lejos de la fantasía de la William McKinley High School, anunciaron un episodio sobre el maltrato a estudiantes gays.
Di looooser
A Nicolás Pérez Costa le gustó el capítulo en el que versionaron Like a Virgin. “Es un cuento bastante sencillo, yo compro enseguida lo que se está contando, y ahí se vieron bien las temáticas adolescentes con sus prejuicios”, dice el coreógrafo y director de Juicio a lo natural. Si bien no es fan de Glee, comparte algo con la serie estadounidense: “Amo el musical, incursionar en esa fiesta de la expresión en que los personajes bailan y cantan, aunque estén contando algo muy crudo”. Entre las composiciones de Nacho Medina, las películas de tribunales y “lo onírico”, se juzga a un joven por el hecho de ser homosexual. Pasarán por el estrado un ex novio, una amiga inútilmente enamorada, un compañero de la secundaria y su madrina. “Es una obra de losers, son gente sometida al prejuicio, nadie es enteramente lo que querría y eso va más allá de la sexualidad, tienen que ver con el juicio que uno se hace, ¿soy yo por afuera de la norma?”, expone el autor de 26 años. Pérez Costa recuerda que no hace mucho “gay era asociado primero a sida y después a droga”, por eso es que la quinta reposición surgió como un alegato en el medio de la discusión por la ley de matrimonio igualitario. “Viste lo que era”, se ríe cuando se le pregunta por lo sombrío de un espectáculo nacido “como un vómito”, cuando su creador tenía 20 años y se sentía “como un pigmeo entre gigantes”.
Juan Grandinetti tiene 19 años y es el menor de todos los actores del Proyecto Vestuarios de Javier Daulte. Es un díptico teatral que parte de una misma idea: un equipo femenino y uno masculino compiten en el Mundial de Lacrosse (una especie de cricket futbolero hiperviolento). Y se sabe, en una final se gana o se pierde. Y aquí los ganadores son asombrosamente patéticos y despreciables. Lo único que se ve es el antes y el después del partido. Entre las duchas y los guardarropas, las piezas explorarán conductas y los roles dentro de un grupo. Y en cada team la argentinidad sobrevuela como el aroma del átomo desinflamante regado en el lugar. El personaje será el castigado por ingenuo y a quien los chistes de código le dejarán una marca más sanguínea que los toallazos en las nalgas. “No sé si se sienten como ganadores, si ganar es hacer eso, si será grato ganar así, de seguro que no debería serlo”, cuenta Grandinetti sobre estos perdedores que no se pronuncian con la enorme L del logo de Glee sino –como bien enseñó Roberto Pettinato– con el castellanizado loooser.

viernes, 29 de octubre de 2010

Después del jetlag

Desde el miércoles a la mañana que vivo -no exagero si digo vivimos- una suerte de jetlag muy particular.
Con legañas aún en los ojos, sin desayunar, prendo la compu, voy a la página de Clarín, no entiendo lo que leo. ¿Hackearon la página? ¿Me equivoqué de site? ¿Es el día de los inocentes? Las posibilidades más insólitas eran un salvoconducto frente a lo que indicaba la realidad: Nestor Kirchner había muerto.
De allí en más, cualquier intento de cotidianeidad fue imposible.
Creo que lo particular de ese miércoles nos equiparó como sociedad: esperando al censita; viendo-escuchando-navegando-compartiendo las noticias; tragando saliva amarga en mi caso -escupiendo bilis con champagne y bocinazos en otros- y aguardando con ansiedad ir a la plaza. Había que mancomunar aquello que era difícil poner en palabras.
Y nos fuimos encontrando con mis amigos. "En la primera columna de la catedral"..."no los veo"..."detrás de los camiones de los canales". Tuve ganas de preguntarles a los papás de dos amigos (con muchas plazas encima) cuántas veces habían estado allí. Preferí vivir con ellos esa mezcla de sensaciones en la que hasta había cierta felicidad. Me corrijo, no sé si felicidad es la palabra. Es que ninguno estaba acongojado. Ciertamente movilizados por la certeza de que hay que defender lo iniciado en el 2003.  Para qué señalar ahora los trazos gruesos de estos dos gobiernos (ya los sabemos). Con respecto a los logros, no hay  mayor elocuencia que las caras multicolores palpadas ahí...las que se siguen reuniendo a estas horas .
"¡Qué año se nos viene!", me dijo mi amigo Nacho. Y tiene razón. Es momento de pensar rápido y bien. De consignar menos y actuar más. Emociona a la juventud apropiándose/nos de la política. Y si hay algo valedero en todo este menjunje es que -cambiando factores y producto- puso de cabeza aquella frase de "a mí no me interesa la política...soy peronista". Cuando este jetlag masivo acabe -y va a ser pronto- vamos a tener que obrar con mucho seso y corazón. Hay que pensar cómo traducir el dolor, lo indecible, el duelo cantado, en política real, más igualitaria, más justa, más feliz. Que a eso se define todo. 

miércoles, 27 de octubre de 2010

Chau Néstor

No sé que decir, no sé que escribir. Estoy triste por alguien que pudo, supo y quiso.

Chau Néstor...

martes, 26 de octubre de 2010

Banda peculiar

Me acabo de acordar de Jesus Jones mientras desayunaba. Hoy no puede ser un mal día. Banda cuyo tecladista impresionaba por su virulencia corporal mucho antes que Flea lo hiciese con el bajo.

sábado, 23 de octubre de 2010

You shook me all life long

Suelo apreciar en el arte, y en la vida en general diría, aquellas expresiones y personas que abogan por el quiebra de normas establecidas proponiendo más y mejores parámetros de conocimiento (lo sé...esto último sonó a frase de curso new age). Por ello es que hace varios años que me pregunto, ¿por qué me gusta tanto AC DC? Una banda que desde comienzos de los '70 amplió su cosmovisión musical en un 0%. Hasta Motorhead demostró más apertura en '1916', allí está como prueba la belleza hiel de su canción epónima. Y atenti que la batería en ese disco la tocó este muchacho:
Pero este post no es sobre Philthy Animal Taylor. Es sobre la cuestión AC DC. Intento convencerme con que inventaron y clausuraron un género, que fue por su carisma, por la consecuencia, por los espasmos de Malcolm, que representan la verdadera, más sana e inocente estupidez del rock, y blah blah blah. Pero no sé, no termino estando del todo seguro de que esas sean la verdaderas razones. Solo resta agregar: "For those about to rock...we salute you".

viernes, 22 de octubre de 2010

Buena metáfora

¿Será Roberto Galán El Mago de Oz de You Tube?

jueves, 21 de octubre de 2010

Algo que estoy escribiendo

Escena onírica que podría titularse '#9 dream'.


Se sintió Mijaíl Baryshnikov en esa peli que se escapa de Madre Rusia y baila con un negro con cara de fantasma. Pero Martín nunca bailaría como Baryshnikov. Por eso, estaba más cerca de ser el ratón Jerry moviéndose junto a Gene Kelly.
-Stop The #9 dream, honey.
John Lennon lo miró, le hizo una cara muy graciosa, castañeó sus dedos y empezó a sonar ‘Whatever Gets You thru the Night’. Vestía un pantalón blanco con patas de elefante y un saco haciendo juego. Cuando el saxo de Bobby Keys inundó el ambiente, Lennon abandonó la dupla y tontorreó a su alrededor. Levantaba la rodilla hasta su mentón y apoyaba la punta de su pie bastante lejos de su eje. Le pareció que sus impecables mocasines brillaban con cada puntapié. Volvía al compás pero cambiando la letra del tema: “French rock is like English wine…oh no…oh no”. Bobby Keys, que llevaba una enorme lengua stone en su remera indicando su pertenencia, soplaba y sacrificaba su instrumento arriba de un tanque australiano.  

Prefiero el sonido del silencio a...

La caída de una olla contra el piso...

martes, 19 de octubre de 2010

Ideas bobas

Ayer intenté ver la mexicana 'Rudo y Cursi' en cable. Y digo intenté porque salvo unos "pendejos...huevón...cabrón" y las francelleadas asesinas no entendí nada. Me acuerdo que me pasó algo parecido con 'El laberinto del fauno'. Y en el cine -lo cual es mucho peor-. La odié muchísimo. Sobre todo a la nenita y el musitado de cada una de sus frases en un español castizo imposible. (SPOILER: Creo que hasta disfruté cuando Sergi Lopez la manda a ese inframundo a reencontrarse con su papá rey interpretado por Federico Luppi). 
Idea boba: ¿Para cuándo el subtitulado hispano en TV y Cine?